|
|
|
|
|
|
Mi cuerpo languidece junto a la ventana, esperando tu regreso, esperando ver a través del diáfano cristal tu silueta recortarse contra el horizonte, mis pechos se endurecen de solo imaginar tu llegada, mi boca se reseca sedienta de la tuya, y tu no llegas, solo la lluvia que golpea incesante el cristal de mi ventana, y la tristeza que me embarga al imaginarme entre sabanas, sin el tibio resplandor de tu cuerpo de hombre enamorado. No me importa esperar hasta que llegues, solo le ruego a Dios que la lluvia no se vaya hasta tu llegada, para que al recibirte en el portal, cubierta tan solo por una fina manta de algodón, pueda enjuagar las lagrimas que me ha causado el duro suplicio de tu ausencia.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Recuerdo mi amor el viaje que hicimos a aquel alejado rincón del mundo, en aquellas solitarias y paradisíacas playas del litoral venezolano, el mar bravío rompía inclemente contra el imponente rompeolas creado por el hombre, pero no lograba descargar su rabia irracional sobre nosotros, y recuerdo como disfrutamos de las mansas olas que burlando el rompeolas lograban llegar hasta nosotros para humedecer nuestros pies, pequeños cangrejos negros como la noche huían a nuestro paso y burlones salían de su escondite al vernos pasar, y recuerdo el día en que las nubes cerraron el cielo negándonos el sol, y esas mismas nubes haciéndonos huir hasta el hotel nos permitieron disfrutar de la belleza del mar vista a través del cristal de la ventana y de la lluvia abundante que aquel lejano día se dejó caer. Hoy se me antoja tan lejano aquel día en que tímida me esperabas en la terminal de buses, temerosa quizás a que yo no asistiera a aquella muchas veces pospuesta cita
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Hoy, las múltiples actividades de una oficina llena de papeles, el ir y venir de pesados camiones llenos de víveres y diferentes mercancías, me envuelven en un mundo subreal que se crea en las tres cuadras de enormes galpones en las que trabajo, pero cuando tomo un momento de descanso y me alejo hasta el filtro de agua para refrescar más mi alma que mi sed, vuelven a mi tan claros como el día los recuerdos de aquella hermosa habitación de hotel que por un instante se convirtió en el centro de nuestro universo, desde allí atisbábamos al resto de la creación, y maliciosamente volvíamos al calor de las sabanas, para que nuestros cuerpos siguieran descubriéndose en un juego de pequeñas complicidades que hicieron de cada uno de esos momentos recuerdos monolíticos que nos llevaremos más allá de nuestras propias vidas. Hoy está lloviendo, y a través del cristal de la ventana veo aquel lejano día en que te conocí, y mi alma también llueve a través de mis ojos como lloró el cielo el día de nuestra separación
|
|
|
|
|
|